8.
Desasosiegos
¿Acaso somos planetas errantes
que apenas rozamos con las yemas
la plasmosa y delicada atmósfera?
¿Acaso hemos venido para
consternarnos con
la ilusión magma
que derrite los cuerpos
convirtiéndolos en bruma?
¿Acaso sólo a morir hemos llegado
y ha sido el único regalo que
nos devuelve al origen?
¿Acaso de esta tierra
se espera que nos quedemos
inmóviles e intactos
repitiendo falsas creencias
sin cesar?
¿Acaso no es la vida humana
uno de los regalos más
sinceros del universo,
una oportunidad para
evolucionar sin fragmentos
a un momento singular
donde no existe nada y todo?
¿Acaso estamos ya tan derrumbados,
que simplemente esperamos
el lento transcurrir de los días;
sin presenciar la muerte y el nacimiento
del sol, que cada día nos regala la penumbra
para encendernos por dentro?
¿Será que la vejez nos enseña más
de la vida que de la muerte,
y si bien así fuera,
no será que tememos más a la vida
que a la muerte?
Cuerpos que perecen, a fin de cuentas,
que sin el alma no encuentran sostén.
¿Acaso la tibieza es la torpeza
más grande o la sabiduría más colosal?
¿Será que aprendimos tanto
a estar en un polo u otro
que no hallamos
el justo equilibrio?
¿Será que el lenguaje nos acerca o
nos limita?
¿Se sufre más por ignorar o por conocer?
¿Las heridas son la puerta
hacia iluminación
o sólo el testimonio
de que somos capaces de herir?
¿Acaso somos planetas errantes
que apenas rozamos con las yemas
la plasmosa y delicada atmósfera?
¿Acaso hemos venido para
consternarnos con
la ilusión magma
que derrite los cuerpos
convirtiéndolos en bruma?
¿Acaso sólo a morir hemos llegado
y ha sido el único regalo que
nos devuelve al origen?
¿Acaso de esta tierra
se espera que nos quedemos
inmóviles e intactos
repitiendo falsas creencias
sin cesar?
¿Acaso no es la vida humana
uno de los regalos más
sinceros del universo,
una oportunidad para
evolucionar sin fragmentos
a un momento singular
donde no existe nada y todo?
¿Acaso estamos ya tan derrumbados,
que simplemente esperamos
el lento transcurrir de los días;
sin presenciar la muerte y el nacimiento
del sol, que cada día nos regala la penumbra
para encendernos por dentro?
¿Será que la vejez nos enseña más
de la vida que de la muerte,
y si bien así fuera,
no será que tememos más a la vida
que a la muerte?
Cuerpos que perecen, a fin de cuentas,
que sin el alma no encuentran sostén.
¿Acaso la tibieza es la torpeza
más grande o la sabiduría más colosal?
¿Será que aprendimos tanto
a estar en un polo u otro
que no hallamos
el justo equilibrio?
¿Será que el lenguaje nos acerca o
nos limita?
¿Se sufre más por ignorar o por conocer?
¿Las heridas son la puerta
hacia iluminación
o sólo el testimonio
de que somos capaces de herir?
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